miércoles 3 de agosto de 2011

En el Silencio


Silencio…

Escucha…

El Mar, Los gatos, El aire, El tambor de tu pecho.

Te hablo…


Estoy en las palabras sueltas que me robo de conversaciones ajenas que florecen al paso de tu caminar ocioso,

y te susurro que te amo…


Y en los colores perdidos de algún cartel relamido por el tiempo con su lengua de espinas,

te obligo a que me recuerdes.


Y cuando recibes el bronceado que te da la luz de luna,

dejo caer una estrella para llamar tu atención.


Te envío señales de humo desde una calada de cigarrillo prestada

y te leo las cartas que el sol escribe en el mar antes de irse a dormir.


Escucha…


El Mar, Los gatos, El aire, El tambor de tu pecho...


sábado 30 de octubre de 2010

EL EJERCITO DE ADINAS

Nota del autor: se que ando un poco
perdida de la blogosfera y
extranio mucho a mis amigos bloggeros,
este es un fragmento de una obra de teatro
que estoy escribiendo,
espero que lo disfruten!



Adina entra a la oficina, un hombre vestido de traje blanco la espera en el escritorio.
- y bien senorita adina en que le puedo servir?
-Quiero ser pintora, quiero hacer música, quiero ser presidente, quiero diseñar ropa, ser escritora, viajar por el mundo
- que mas?
Tener un bar en Costa Rica, bailarina, ayudar a los necesitados, tocar el piano, hablar francés, Italiano, portugués, ser una erudita en astronomía y si posible ir a la Luna, practicar yoga, ser vegetariana... !quiero un ejercito!
- un ejercito....
- Un ejército de Adinas!! Eso es... Que cada una haga algo que quiero hacer,
- pero no existe tal ejercito, la única soldado es usted, la menos soldado de todas, la que no hace nada de lo que usted quiere hacer...
- por eso precisamente he venido aquí...
- mmmmm... ( examinando) la verdad es que su caso.... A ver dejeme explicarle algo... La mayoría de nuestros clientes, solicitan cosas un tanto diferenes, quieren ser millonarios ofamosos o poderosos...
- seguro todos sus clientes son hombres...
- jeje he de admitir que los hombres pueden resultar mas ambiciosos que las mujeres en cuanto a esos tópicos, las mujeres normalmente se conforman con un esposo millonario, una casa, hijos y un perrito, pero ( revisando la hoja) veo que este no es su caso... Usted quiere un ejercito de usted misma...
( revisando en la computadora) la verdad es que nosotros hemos entregado algunos ejercitos.... Bonaparte, Napoleon... Hitler, Adolph... Pero nunca habia escuhado semejante solicitud...
- Yo no quiero controlar a nadie, mas que a mi misma...
- ya veo... Pues ha de tener un alma muy valiosa para poder cubrir semejante exigencia... A veces las líneas de crédito de nuestos clientes se han quedado cortas, por lo que muchas veces hemos tenido que suspender nuestros servicios.
- no lo entiendo
- cuando Napoleón nos vendio su alma, por ejemplo, no cubría su crédito total por eso perdió en waterloo...
- y no se supone que ustedes debían haber previsto eso antes...
- pues después de una crisis en los créditos espirituales, muy parecida a la crisis hipotecaria de que aprendimos la lección, la aprendimos...
- bueno pero se puede hacer algo con mi caso? Porque yo no vine a poner mi casa en forclosure ... Yo vine a vender mi alma!
- seguro que si bella dama... Seguro que si... Pase por aquí que inmediatamente le diremos cuanto puede comprar con su dulce alma...

domingo 27 de diciembre de 2009

Mil y Una












Yo también podría contar mil y una historia, como lo hizo Scheherazade, sólo para mantenerme viva. Podría desesperadamente contarte el cuento de un conejo que perdió la piel por cualquier razón científica y murió de un ataque al corazón; continuaría con la anécdota de una habitación de color verde oscuro donde Calamaro cantaba sobre roperos y floreros, y yo estaba triste. Hablaría cada día de mi hermano, mi sobrino y de cómo volar porque este invierno una pequeña princesa china me enseñó todas las instrucciones para hacerlo y volamos juntas sobre montones de personas que buscaban ansiosas regalos de navidad. Contaría la historia de cuando me escondo de mi misma y me pierdo por días enteros sin saber donde estoy, que me busco hasta agotarme hasta aparecer detrás de algún mueble en medio de la oscuridad riéndome de todo.

Te contaría de ti, de mi y de todos los rostros y las miradas que se cruzaron con mi universo y la galaxia que habita en mis pupilas marrones. Te contaría del dinero, de dónde está y de cómo puedes encontrarlo. Te contaría de la muerte que está en todos lados y en todas las formas, sublimes y grotescas; en las sombras y en los rayos del sol. Te hablaría del gato que carga a un bebé en la boca y de una mujer que al parir se desgarra por dentro. Contaría historias de terror sobre la maleza que crece en los parques donde jugaste de niño y de los zapatos de colores que le robaste a un payaso.

¿Qué más contaría? Quizás de partidos de fútbol que nunca vi, excusas perfectas para alguna juerga y noches de aventura; contaría por qué ya no creo en la gente y por qué la utopía no es una medicina sino un veneno, contaría historias de las ideas que siguen siendo ideas y de los hechos que siguen siendo hechos. Narraría los episodios de aquel hombre que quedó atrapado en la telaraña del tiempo. Hablaría de la Grita y la guerra de tomates podridos; de los capricornios y la facilidad que tienen para relacionarse entre ellos. Te contaría sobre la leyenda del piloto francés que murió cuando su corazón explotó un día que se lanzó al vacío y cayó sobre una mujer, en un impacto en el que no hubo sobrevivientes. Te contaría de los dos hermanos que siempre soñaban que su perro hablaba y la historia de cómo la hijastra malvada del cuento se ganaba un premio gordo en un casino en Las Vegas.

Historias de invierno, primavera, otoño y verano; de nieve y de arena. Me vomitaría en palabras de colores hasta escupir mi sangre azul con la última vocal y el último apostrofe… mil y una historia para vivir, mil y una historia sólo para mantenerme viva.



sábado 26 de septiembre de 2009

De fantasmas


Odio sentirme como un fantasma... Odio el vacío es sentir que vago por todas las cosas posibles pero no las puedo tocar, no las puedo hacer mías... Solo parezco existir en la memoria de algunas personas, pero nada me duele, nada me hace sentir, no tengo miedo pero tampoco tengo valor...
Allá esta la realidad en el reflejo de ese espejo frente a mi y yo estoy del otro lado haciendo crecer mis uñas para poder arrancarme la piel y descubrir si aun sigo viva... Porque no vienes a arrancarme el corazón si es tuyo? Como cuando éramos niños y yo te perseguía hasta que me lo devolvieras? Quizás así palpite con mas fuerza y yo podría sentirlo... y tu podrías sentirlo anque el mar atraviese tu mirada y aunque tus ojos estén llenos de cuerpos desnudos derramandose por tus mejillas... No tengo miedo, pero tampoco tengo valor, sigo siendo un espíritu a la orden de cuatro paredes sin puertas ni ventanas, esperando que la locura se apiade de mi y de ti.

martes 28 de abril de 2009

Primeros Planos




El cabello ensortijado de Diego rebotaba de vez en cuando sobre sus ojos, mientras dibujaba sobre la mesa, tragado por aquel plano con líneas de grafito, gruesas y delgadas que parecían ser los hilos que movían su silueta encorvada apoyada sobre sus antebrazo.

Ajustaba el compás con sus dedos delgados y vestía esa camiseta sin mangas que apenas y le quedaba tintura de un estampado de la bandera de Inglaterra. Yo a su lado interrumpía su letargo con el ruido del pequeño sacapuntas que esparcía el olor de aquellas tajaditas de madera y aterrizaba de mi mundo fantástico como siempre con nuevos planes:

- Diego tu nunca has pensado en seguir a alguien, alguna chica que te guste?

- pues claro! Respondió sin titubeos.

- ¿Si?, c'omo fue?.

Diego limpiaba el plano con una goma de borrar y una sonrisa infantil se resbaló en su rostro:

- Un día salí de la estación Ciudad Universitaria y vi a una chica bellísima, iba para la UCV también, caminaba tras ella y en ocasiones en paralelo para verle el rostro.

- si? . Interrumpí emocionada.

- Así que la seguí hasta su escuela en humanidades. Pensé detenerla... pero…

Sostuvo el lápiz por ambos extremos y cerraba un ojo como tratando de enfocar alguna imagen en el horizonte.

- ¡ah! es complicado, así que cuando no la pude seguir más porque hubiera tenido que entrar en su clase, simplemente me fui a la mía.

Se encogió de hombros como cuando las cosas no tienen remedio.

- ¡Excelente! no todo el mundo es capaz de hacer eso Diego ¡eres mi héroe!

El rió

- ¿tu has seguido gente?

- No.

Hubo un silencio que dejaba escuchar el arado de nuestros lápices sobre el papel.

- Imagínate que hubieras entrado a la clase. Dije como quien se pregunta por el destino de un billete de lotería.

- Hubiese sido chévere. Sonrió de nuevo y agregó: hubiera aprendido algo de otra carrera… y de la chica.

Asent'i mientras sacudía el polen sintético que soltaba el borrador sobre mi hoja y volviamos a los planos.


miércoles 4 de febrero de 2009

Los cabellos de Mr James


Pocos como yo han notado el poder del cabello. No me refiero a su poder seductor en las cabelleras largas, cortas, lisas, afros o rizadas de hombres y mujeres, pues tanto en unos como en otros otorga un toque especial, no. No me refiero a ese poder hechicero del cuál gozaban las hebras de la cabellera de Medusa, ¿o quizás sí? Es algo que probablemente no hayan notado nunca…me refiero a cierto poder manipulador de estos flacuchos inteligentes.

Yo lo descubrí después de investigar el caso de Mr. Charles James, un inglés que vivía en una cabaña cercana al chalet de mis padres al pie de la montaña, donde solíamos ir de vacaciones.

Una tarde, caminaba yo por un valle hermoso donde pastaban unas vacas, la brisa era fresca y el sol calientito como el pan recién horneado y untado de mantequilla. Me senté sobre una piedra mientras mascaba el tallo verde de una ramita silvestre, cuando de pronto escuché el sonido de un avión que a lo lejos dejaba caer a un hombre. Pensé que se lanzaba en paracaídas porque la figurita que saltó parecía llevar un paquete atado a la espalda, pero nada se abrió.

El monigote descendió en caída libre y sólo vi moverse la copa de unos árboles frondosos, me levanté y bajé corriendo hasta el lugar. El sitio parecía cada vez más lejos y cuando logré visualizar al hombre tirado, ¡cuál fue mi asombro al descubrir que era Mister James!
- ¿qué pasó Mister James? Pregunté mientras retiraba unas ramas que había arrastrado en su caída.
- No abrió el paracaídas. Decía mientras levantaba sus dedos arrugados tratando de señalar su espalda.
- ¿Pero no cree que está muy viejo para hacer estas cosas?
Los ojos azules de Mister James se agrandaron, se llevó el índice al corazón para recoger de la camisa una hebra gris de su cabello, la colocó sobre su dedo y extendió su mano abierta para mostrármela, luego me dijo con voz ronca:
- Fueron ellos…
En ese momento irrumpieron unos hombres uniformados al lugar, cargados con camillas, oxigeno, medicamentos y se lo llevaron para auxiliarlo.

Yo regresé al chalet y busqué en las gavetas de mi habitación una lupa, la tomé y me fui hasta la cabaña del inglés; ya era de noche, la puerta estaba abierta y entré con cuidado, encendí las luces y gateé con mi lupa examinando hasta el último rincón, después de un par de horas descubrí que habían miles de pelos grises por toda la casa que confirmaban mis sospechas: los cabellos eran los culpables.

Tomé una cajita de fósforos que acompañaba a la pipa de Mr. James sobre la mesa, la vacié y la llené con unos diez cabellos, luego volví a casa.

En la sociedad de los cabellos, se les llama “pelos de tonto” a aquellos pelos que en lugar de manipular a los humanos, se dejan llevar por ellos, aquellos que sin queja alguna son capaces de vivir alteraciones de color, estar encerrados por horas dentro de un sombrero o bajo el sol inclemente, en general son muy amigables, solo que no son muy beneficiosos para el resto de los cabellos y por esta razón la campaña de desprestigio ha hecho creer que tener uno o varios pelos de tonto es algo malo.

Me miré al espejo y pensé que lo mejor sería encontrar a esos pelos de tonto míos, que seguramente me ayudarían a resolver el caso y con cuidado inicié la búsqueda.

Armé un pequeño batallón de pequeñas fibras cabelludas y las coloqué en la caja de fósforos junto a los cabellos de Mr. James. Una noche entera sería suficiente para que obtuvieran la versión peluda de los hechos, ¡Buena suerte! les dije al despedirme. Al día siguiente me costó una hora sacar mis cabellos de la caja, tratando de no confundir los pigmentos oscuros de mis representantes y los grises de la víctima, esta labor debía ser extremadamente meticulosa, pues cabía la posibilidad que algún infiltrado se hubiera camuflado para traerme información distorsionada.

El trabajo de los pelos de tonto fue perfecto y me trajeron toda la información para esclarecer el caso. A los cabellos de Mr. James, como la mayoría de los cabellos del mundo, les encanta lanzarse al vacío, siempre están saltando por todas partes, todos los días.

En el caso de nuestra víctima, muchos de los cabellos habían emigrado para siempre, dejándole un espacio reluciente en su tope, sin embargo, el resto no quería abandonarlo, le habían tomado mucho cariño, pero por otro lado tampoco querían desatender el llamado de lanzarse al vacío como todos los demás y renunciar a esa experiencia maravillosa que todos los cabellos viven tarde o temprano.

Fue así como empezaron las conversaciones entre el anciano y sus cabellos, primero en un tono amigable, pero al parecer Mr. James no entendía las propuestas que le estaban haciendo, finalmente lo amenazaron con dejarle, así que él no tuvo otra opción que acceder a su manipulación y lanzarse al vacío con ellos, aunque eso le costara la vida.

Ese día fui hasta la cabaña de Mr. James, aspiré todo, alfombras, muebles, superficies y todos los cabellos que lo habían abandonado quedaron atrapados en el contenedor de la aspiradora.

Ya que no podía llevar el caso a la policía, lo mejor que podía hacer por el difunto era llevarle aquello por lo que había muerto. Llevé una bolsa de papel al cementerio y vacié todos los cabellos alrededor de la tumba, el sepulturero me miró a medias urnas, “ya debe estar acostumbrado” pensé.

Desde entonces uso el cabello rapado para no arriesgarme, he visto algunos monjes que tampoco llevan cabellos, a veces me pregunto si estos sabios también conocen el secreto, no me atrevo a preguntarles, pero… todo es posible.

jueves 8 de enero de 2009

Experiencia de la oruga


¿Qué aprendimos de la vida?

Si no tuvimos vida

Si al pasado le llueven gotas de polvo

Si la historia es un lujo...

¿Qué aprendimos de la vida?

Si no tuvimos errores,

Porque el único error que tuvimos

Es una escoba en la memoria

que nos recuerda lo poco que sabemos

de nosotros mismos.

Somos células dispersas,

Protozoarios sociales

Que jugamos a la unidad

Y jugamos a la patria,

Somos un número uno, dos o tres

Un número de cédula…

Pero bonito y con petróleo.

Lo demás…

Lo demás es otro juego,

Nadie piensa en lo demás,

Jugamos a buscar culpables:

¿Quién olvidó la levadura?

Que esto no levanta.

lo olvidamos todos:

¡El petróleo no levanta!

No lleva levadura.

¿Nos engañaron o nos hicieron olvidar?

Creímos en el pozo negro de los deseos

Y bebimos su agua como quienes beben

Del becerro de oro, ahora la oruga

Quiere volar.


jueves 21 de agosto de 2008

Un día libre, mi consciencia y el perro de mi vecina

Un inesperado día libre, esos que no he planificado, simplemente no tengo que ir a trabajar y aún así me he levantado en la mañana a la misma hora de siempre, voy al baño, hoy no tengo apuro y a diferencia del resto de mis días en los que apenas me veo a los ojos, hoy me detengo frente al espejo y me miro como si estuviera ante una pared blanca.

Con parsimonia tomo una tasa de café aún sin cambiarme el pijamas y me coloco frente a la ventana que da al jardín. Algo a través del cristal llama mi atención. Es mi consciencia que se ha ido a juguetear con el perro de la vecina, un horroroso espécimen canino lleno de pelos atado de una soga al cuello; la sonrisa se me tambalea a un lado como si vertiera una mofa sobre el cuadrúpedo. Me burlo de él, lo compadezco, porque precisamente hoy no tengo soga alguna, mis corbatas están perfectamente ordenadas y resguardadas en la gaveta del closet, hoy nada me dirige a ningún lado, nadie me pasea por ningún camino. Acaricio mi cuello - ¿soy libre?- pensé de pronto y me llené de pánico, ese miedo que se debe sentir cuando se pierde el rumbo del timón, como si flotara en una atmósfera sin gravedad o peor aún, como si fuera un globo de helio que algún niño dejó ir, simplemente me siento como un perro triste y cabizbajo errante sin deberes, ni obediencia, débil, sin alimento, paseando por el limbo que divide lo salvaje y lo doméstico. Tomé un sorbo.

Ella notó que mi consciencia se había escapado y retozaba con su mascota, luego me la devolvió amablemente con una mirada y entretanto su pequeño monstruo empanizado de pelusas tiraba de la cuerda. Ella también tiene una soga que ata su mano, pensé. Pero aún le queda una mano libre y la está levantando, la agita, me saluda. Yo miro a mis espaldas antes de repetir el gesto y como si me convirtiera en su figura en un espejo, levanto mi brazo, abro mi mano y torpemente dejo caer mi consciencia

...otra vez.

©2008